El liderazgo de la voluntad

El agua es uno de los elementos más fascinantes de nuestro planeta y su observación nos ofrece grandes lecciones de vida.

A 99 grados centígrados el agua esta muy caliente. A 100 grados se convierte en vapor y el vapor es capaz de desplazar una locomotora.

El incremento de un grado en la temperatura significa instantáneamente la transformación de algo que está muy caliente en algo que es capaz de mover una pesada máquina.

Estamos ante una sencilla metáfora que nos impulsa a pensar y ACTUAR, en cada una de nuestras acciones, liderando con un extra, un esfuerzo, en muchas ocasiones singular pero que definitivamente marca la diferencia entre conseguirlo o quedarse atrás (quedarse sin un cliente, sin un resultado, sin una satisfacción, sin una relación, sin una sonrisa, sin una vida, sin una libertad,…)

En la mayoría de las ocasiones el resultado está justamente ahí, detrás “de ese grado”, justamente detrás de cuando creemos que ya no podemos más.

En los tiempos que estamos viviendo ese grado de más, en cada una de nuestras acciones, es lo que va a marcar la diferencia.

Ese grado de más en nuestra entrega, dedicación y servicio, en nuestra generosidad, en nuestra honradez y en nuestra tolerancia. Si, efectivamente, no nos engañemos, es un camino cuesta arriba.

La actitud de observar al mundo y, por tanto, a nosotros mismos, nos ofrece dos posibilidades para recorrer “ese camino” para “plantarle cara a la vida”.

Una nos lleva a la visión que persigue una estabilidad libre de problemas, la ambición del tener garantías perennes, la inmediatez a cualquier precio, a depositar tú aquí y ahora en las fuentes exteriores.

Nos lleva por la pasividad. A transitar como seres “víctima” que andan esperando encontrar una gran ola que les alce al mundo de sus sueños y, mientras no llega, entienden que las fuerzas de la fatalidad están actuando sobre ellos. Curiosamente en estos personajes se produce una “lucidez inteligente” que, irónicamente, está llena de pesimismo, cinismo, estancada en unas buenas dosis de frustración y, posiblemente, mal humor. En definitiva nos encontraremos con la pereza por descubrir-Se, el estancamiento social, y un precisar de certezas, que, si no las hay,  acude al “si no lo logro, es culpa de otro o de algo”.

Pero existe otra posibilidad que nos lleva a aceptar los desequilibrios, a entender la fragilidad de pensamientos y emociones, los fallos en la acción de lo cotidiano. Es un camino de interrelaciones, de efecto mariposa, de elecciones, es interdependiente. Transcurre por y para la acción de Ser como motor, causa, energía. Nos lleva a revindicar el lazo que une la bondad, la lucidez, el optimismo y la acción coherente envuelta de realidad, de valores para ser “protagonista” en el aquí y el ahora. Es el camino de la incertidumbre consciente que se incorpora día a día cambiando el esfuerzo del tener por el esforzarse para SER: “No se que pasará, pero intentaré sobreponerme y sobrepasar con bondad y habilidad cada adversidad y dificultad que aparezca en mi vida”. No importa si es personal o profesional: Tú “te llevas a todas partes”.

El camino del cambio y la transformación se aprende con un valor: la responsabilidad y la acción es responsabilizar-SE de nuestros actos y sus consecuencias. pero…no es suficiente con cambiar el significado de las cosas, además hay que cambiar las cosas. Por ello precisamos una fuerza motriz todavía más poderosa que el vapor, la electricidad o la energía atómica: la voluntad

En este camino se apuesta por la tolerancia, la honestidad, el optimismo, la perseverancia y, si, los currantes.

Tal vez un camino “tachable” de utópico e ingenuo pero que la experiencia y la historia nos ha demostrado, una y otra vez, que es el que hace avanzar al mundo y ha evitado que se hunda en tantas ocasiones.