Master en Coaching – Conflicto y Complejidad

La complejidad y la incertidumbre unidas al cambio rápido son características que ya no se discuten a principios del siglo XXI. La crisis económica como dramático síntoma de una crisis de modelo social mucho más profunda nos catapulta a la urgente necesidad de re-inventarnos. Nos encontramos en un entorno desconocido y nuestra realidad cotidiana nos impele a relaciones interpersonales cada vez más complejas. Estás situaciones pueden provocar reacciones de enfrentamiento o cerrazón que nos empujan, en muchas ocasiones sin darnos cuenta, al conflicto.

Lamentablemente los conflictos afloran cuando ya estamos de lleno metidos en escenarios de agresión – verbal, psicológica o incluso física – y ya están deteriorando la calidad de la relación, provocando daños por ende al entorno e incluso a terceros. Se crea una espiral negativa de pesimismo y en ocasiones de desesperación y derrota.

En lo personal la consecuencia más inmediata es el malestar personal y el fracaso en la relación. En un entorno familiar o de amistad la continuidad y el futuro será más o menos complicado según la dependencia de las partes. En un entorno profesional – laboral además del malestar emocional e incluso físico (p.ej somatización del estrés) habrá consecuencias económicas que en un sentido u otro acabarán afectando a los objetivos y misión de la organización y por tanto de los profesionales implicados.

En esta último ámbito, el laboral, es difícil atribuir directamente y de forma objetiva cual es el impacto directo que una mala relación tiene sobre la consecución o no de un objetivo clave para la organización (como puede ser conseguir un nuevo cliente o entregar un pedido a tiempo con los estándares de calidad y/o servicio requeridos que, a pesar de darlos por supuestos, en muchas ocasiones también sufren y se ven afectados). No es fácil atribuir un valor económico a las consecuencias de una mala relación interpersonal porque el conflicto se mueve en la mayoría de ocasiones en el mundo de lo subjetivo.

En nuestras relaciones puede suceder que nuestra intuición nos indique que las cosas no van del todo bien, pero eso no significa que vayamos decididamente a afrontar el conflicto.Mayoritariamente nuestra actitud será de ocultar o aplazar la resolución del conflicto y sólo lo afrontaremos cuando la situación se convierta en tan acuciante que los daños que esté generando sean mayores que sobrellevarla según nuestro baremo de “sufrimiento de sucesos graves”. Esto es debido principalmente porque a priori no tenemos consciencia de las verdaderas consecuencias que encierra mantener una mala relación. No valoramos la falta de sinergia como un defecto; siendo ésta el principal hábito para el trabajo en equipo. Por otra parte nos preocupa que al afrontar el conflicto éste pueda “empeorar” y podemos considerar un riesgo innecesario el plantearnos las cosas en términos de “conflicto”. Procastinamos y nos decimos “será mejor ir tirando mientras las cosas no vayan a peor” y ponemos en marcha el baremo de nuestra capacidad de sufrimiento y el de la organización. Finalmente también nuestro ego juega una mala pasada: reconocer que hay un conflicto es tanto como reconocer que somos incompetentes en nuestras relaciones.

Nuestra educación y el modelo social existente no nos ha ayudado mucho y el analfabetismo emocional de nuestra sociedad se sigue manifestando a través de nuestra emociones más primarias. Así, cuando en una relación me siento en conflicto es que interpreto que me hallo en riesgo de perder alguna cosa, sea objetiva (p.ej. bienes económicos) o subjetiva (prestigio, pertenencia, posición, dignidad, etc). Al no saber cómo gestionar la situación, seguimos el patrón de la huida – miedo o la agresión – rabia, y en lugar de confrontar constructivamente las diferencias, ignoramos, o lo que es peor, ni siquiera somos conscientes, en muchas ocasiones, de qué es lo que sentimos.  Así pues frente a una sociedad y/o organización emocionalmente maleducada, ante una relación conflictiva quedaremos a merced de nuestra habilidad para gestionar nuestra emociones.

La metodología del Coaching Transpersonal de FundAres aporta a personas y organizaciones conocimientos y herramientas clave para ayudar, acompañar y entrenar hábitos emocionalmente inteligentes.

A través del aprendizaje y el entreno llegaremos a comprender cuáles son las emociones principales que se manifiestan en los conflictos y como gestionar y mediar en la gran variedad de situaciones tremendamente comunes en nuestro dia a dia. Nuestra sociedad precisa personas, lideres, empresarios, emprendedores, organizaciones inteligentes educadas en aprender y mediar en los conflictos, evolucionar, transformarse y encontrar soluciones y resultados mediante la acción sostenible y sistémica. Te esperamos.